lunes, 9 de marzo de 2026

¿LIBERTAD...DICES?




Hace no tanto platicaba con alguien sobre la libertad. En medio de la conversación le pregunté: 

  —¿Te consideras una persona libre? 

Me respondió, de forma muy simple, que sí. Entonces, como suele ser mi costumbre —un hábito quizá un poco incómodo, aunque no por eso menos divertido— le pregunté algo más: 

  —Para ti, ¿qué es la libertad? 

Y entonces ocurrió algo interesante... vi en su rostro cierta confusión. No era ignorancia ni falta de conocimiento, más bien parecía estar replanteándose su propia libertad desde la consciencia. Después de eso tuvimos un intercambio de ideas bastante interesante, pero aquella breve conversación me llevó a cuestionarme con más profundidad el significado —y quizá incluso la existencia— de la libertad. Y es que resulta que no tiene una respuesta simple.

¿Es la libertad una idea meramente utópica?

¿Se puede ser realmente libre?

¿Estamos totalmente condicionados? 

¿O la libertad ocurre solamente en la consciencia? 


 En definitiva, no es una pregunta nueva. 

Sócrates, por ejemplo, decía que la libertad venía del conocimiento, el autodominio y en vivir una vida virtuosa, alcanzada mediante la autorreflexión moral. 

Después Platón desarrolló esta idea con un enfoque hacia la libertad con el orden del alma: “El individuo es libre cuando la razón gobierna sobre los deseos y las pasiones”. 

Unos 700 u 800 años después, Agustín de Hipona retomó estas ideas desde el cristianismo e introdujo el concepto de libre albedrío, según él, Dios otorgó al ser humano la capacidad de elegir, aunque naturalmente esta idea venía cargada de conceptos como bien, mal y pecado pero bueno, algo de esperarse considerando su contexto teológico. 

Unos ocho siglos después, otro “santo”, Tomás de Aquino, introduce la razón en esta ecuación, para él la libertad provenía del libre albedrío, pero era también un acto de voluntad guiado por la razón, además hace una diferenciación importante entre la libertad física y la moral, afirmando que la verdadera libertad consiste en elegir el bien y perfeccionarse mediante la virtud. 

Con el tiempo el debate comenzó a desplazarse lentamente de lo moral hacia lo político. 

Thomas Hobbes, por ejemplo, siglos después cuestionó muchas de estas ideas y planteó algo bastante más pesimista: creía que el estado natural del ser humano era una “guerra de todos contra todos”, por lo que era necesario un pacto social que garantizara la seguridad, incluso si eso implicaba limitar la libertad individual. 

Y así, a lo largo de la historia, la libertad ha ido desplazándose entre la filosofía moral, la religión, la política y la ciencia. 
 
Pero entonces… ¿Qué es la libertad? 

¿Podríamos decir que es una autodeterminación condicionada?

Porque sí, existen múltiples factores que influyen en nuestras decisiones, por ejemplo: los condicionantes fisiológicos; una persona que lleva muchas horas sin comer puede tomar decisiones impulsivas o priorizar conseguir comida antes que otras cosas, su libertad sigue existiendo, pero está condicionada por una necesidad biológica. 

También está la condicionante genética, aquí se ha demostrado, por ejemplo, que la nutrición del feto durante el embarazo puede generar cambios epigenéticos duraderos en el ADN, con consecuencias permanentes en la salud física y mental del individuo. 

La edad es otro factor evidente, un niño pequeño no tiene la misma capacidad de decisión que un adulto, ya que su cerebro aún no se encuentra completamente desarrollado. Su libertad de elección existe, pero está limitada por su desarrollo biológico.

El sexo también puede actuar como condicionante, un ejemplo claro es el embarazo, aqui una mujer puede quedar embarazada mientras que un hombre no y esto puede influir en decisiones importantes de vida, como aceptar ciertos trabajos, practicar determinados deportes o planificar la vida familiar o profesional. 

También están los condicionamientos psicológicos como; las emociones, por ejemplo, cuando alguien está muy enfadado puede decir o hacer cosas que normalmente no haría; las experiencias previas también influyen, si alguien ha tenido malas experiencias confiando en otras personas, puede volverse más desconfiado al tomar decisiones sociales.

El miedo es otro ejemplo claro, una persona que ha sufrido un accidente de tráfico puede evitar conducir durante mucho tiempo aunque sea libre de hacerlo, el miedo condiciona su decisión.

Pero los condicionamientos no son solamente biológicos o psicológicos. También existen condicionamientos sociales como; el entorno social, este influye profundamente una persona que crece en un lugar donde la mayoría abandona los estudios puede ser más propensa a repetir ese comportamiento aunque sea libre de elegir otro camino.

La cultura moldea lo que consideramos normal, correcto o deseable y muchas de nuestras decisiones que creemos “personales” en realidad están profundamente condicionadas por la cultura en la que crecimos, por ejemplo en algunas culturas existen matrimonios arreglados por la familia, donde la elección de pareja no depende solo del amor romántico, ni de la persona sino de normas sociales y familiares. 

Las leyes también establecen límites, una persona puede querer conducir un automóvil, pero la ley se lo prohíbe si no tiene licencia o si es menor de edad.

La religión puede influir de manera similar, dependiendo del lugar donde una persona nace, es muy probable que adopte la religión predominante de su entorno, un niño que nace en Medio Oriente probablemente crecerá dentro del islam, mientras que uno que nace en América tendrá más probabilidades de desarrollarse dentro del cristianismo.

La situación económica y social también condiciona oportunidades, un estudiante puede querer estudiar en una universidad en otro país pero su situación económica puede impedirle costearlo.

La educación influye profundamente en cómo interpretamos el mundo, una persona educada en un sistema que fomenta el pensamiento crítico probablemente cuestionará más las ideas que recibe que alguien educado en un sistema más rígido. 

Y por supuesto también está el contexto familiar, que transmite valores, expectativas y modelos de vida. Entre muchas otras cosas.

Generalmente pensamos en el libre albedrío como si la vida fuera un camino lleno de ramificaciónes en el que constantemente vamos tomando decisiones, construyendo nuestra historia a partir de nuestras elecciones. Pero… ¿y si esa percepción fuera una ilusión?

¿Verdaderamente nosotros elegimos? 

Desde un enfoque en la física clásica se cree que todo ocurre como un engranaje perfecto y se vuelve totalmente predictorio ya que esta regido por leyes inmutables, dice que todo lo que ocurre en el mundo físico tiene una causa, el determinnismo de Pierre Simon Laplace dice que, si una inteligencia supiera la posición y velocidad de cada partícula en un momento dado, podría calcular todo el pasado y el futuro. Lo que demerita al libre albedrío a mero espejismo y dice que incluso las acciónes humanas estan determinadas por causas preexistentes. 

No hay lugar para cambios, ni elección, desde el movimiento de los astros hasta nuestras conexiones neuronales, sitema nervioso, desiciones, todo se vuelve una mera ilusión ya que todo esta determinado y no hay elección, esto según las matemáticas. Todo lo que tiene que ocurrir en el universo, ya ocurrió, no hay variabilidad.

Rene Desacartes aquí propone una solución; "El dualismo sustancial" este divide al ser humano en Alma y el Cuerpo y dice que el alma es libre, racional e inmortal mientras que el cuerpo opera bajo leyes físicas. 

Pero la neurociencia actual rechaza esta propuesta argumentando que los procesos mentales son funciones biológicas del cerebro ya que hay evidencias que indican que situaciones como lesiónes, fármacos o estimulación cerebral alteran directamente la consciencia, la personalidad y el pensamiento desechando así la idea de alma o mente inmaterial y la teoría de Descartes queda superada por la teoría empírica.
 
De hecho, en la década de los 80 se realizó un experimento bastante famoso en neurociencia que desafió aún más la idea de libre albedrío, se demostró que la actividad cerebral de un movimiento "voluntario" comienza antes de la decisión, se pidio a los participantes que movieran una mano y presionaran un botón cuando ellos “decidieran”, registrando el momento exacto en que sentían que tomaban la decisión, mientras tanto se monitoreaba su actividad cerebral en el proceso y se observó que el cerebro iniciaba la actividad antes de que el sujeto fuera consciente de su decisión de moverse.

Se concluyó que el cerebro actúa antes de que seamos conscientes de la decisión desafiando así la idea de que la voluntad consciente causa la acción. Es decir, el cerebro parecía actuar antes de que la voluntad consciente apareciera.

Si aún hay algún lector en este punto te invitaría a responderte una pregunta muy simple: 

 ¿Crees realmente que eres una persona libre?

Quizá la respuesta inmediata sea “sí”. Tal vez incluso lo sentimos así en nuestra vida cotidiana, tomamos decisiones, elegimos caminos, cambiamos de opinión, construimos proyectos. Pero cuando miramos más de cerca aparecen las dudas. 

 
Nuestra biología nos condiciona. 

Nuestra historia personal nos moldea. 

Nuestra cultura, nuestras leyes, nuestra educación y nuestras circunstancias delimitan el marco en el que decidimos. 


Y aun así, dentro de todas estas causas, experiencias y límites… seguimos sintiendo que elegimos. 

Tal vez la libertad absoluta —si es que existe— sea inalcanzable, pero también es posible que la libertad no consista en estar completamente libres de condicionamientos.

Tal vez la libertad sea algo más frágil, más incómodo, más humano.

Tal vez la libertad sea simplemente esa pequeña distancia que existe entre lo que nos condiciona y lo que finalmente decidimos hacer con ello. 

Y si eso es cierto, entonces la pregunta importante ya no sería si somos completamente libres. 

La pregunta sería: 

  ¿Qué tan conscientes somos de aquello que limita nuestra libertad?

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